jueves, 3 de diciembre de 2015

Un Gesto De Civismo

 No fue el esclavo perfecto pues nunca se rebeló. Él corazón y la razón no alcanzaron el equilibrio. Siempre en él pesó más el amor y nunca dijo basta,  que de hacerlo siendo como era físicamente un tipo gladiador...

 Jamás vi en él un acto de incivismo hasta que la metástasis se extendió.
Lo comprendí cuando ya era demasiado tarde y le fue diagnosticada. Supongo que aquellos terribles dolores de cabeza eran ya síntomas de ello.
 Hacia poco tiempo que se había jubilado. Hacía poco tiempo en que por fin sus manos eran blancas desincrustado el ya añejo polvo de antracita cuando le fue diagnosticado el irremediable fin.
Ella pudo escoger entre ingresarle en el hospital  para que la quedase una suculenta pensión,  pues era cuestión de meses que se podían prolongar de manera artificial o, por el contrario, dejarle en casa al calor de los suyos en vez rodeado por unos fríos aparatos de gélidos tubos penetrando su amado cuerpo.
La quedó una miserable pensión, pero que menos merecía su hombre; aquel esclavo hercúleo cuyos ojos azul intenso expiraron en mis pupilas.
Y que menos merecen ambos que unas palabras ensalzando su civismo.

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